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Albania, la costa olvidada de Europa

In Costa, Slow travel, Viajar barato, Viaje lento on 23 septiembre, 2013 at 13:52

Tanto olvido durante tantos años se lo van a poner muy difícil, pero Albania o Shqiperia, su nombre en el idioma nativo, podría llegar a ser una nueva Croacia turística en unos lustros. Los espectaculares paisajes de los Alpes Albaneses y Dináricos,  el lago Ohrid y una preciosa costa que comparte mucho con la vecina Grecia se unen a una historia que amalgama el cristianismo ortodoxo con una manera de entender el islam muy mediterránea (vino, cerdo y casi ningún velo). Por cierto, que si, que está en Europa, justo enfrente de Italia.

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Malas noticias. Hace tiempo que se acabaron los destinos en Europa para aquellos que piensen que el viaje debe ser un desafío a las propias convenciones. Aunque uno no piensa así, lo cierto es que los últimos limites de esa experiencia en el continente parecen estar ahora de los Balcanes en adelante, mejor aún en el Caúcaso. Es esta una zona en la que el mochilero bien todavía encuentra la sensación momentánea de viajar sin red, aunque sea simplemente porque muy poca gente habla inglés. El albanés es un enigmático idioma indoeuropeo que no se parece a nada y con suerte, uno se puede entender con la gente inventándose el italiano, que muchos chapurrean a fuerza de ver la televisión del país vecino. El exotismo, que en el imaginario eurocéntrico tiende a lo moruno, es sustituido en estos casos por lo ex soviético o por los restos de una cruentísima guerra con recuerdos aún en carne viva. Y dentro de ese exotismo, el de un país que ni fue lo uno ni sufrió la otra, sino una rocambolesca historia invisible y una dictadura comunista, pero antisoviética, en las mismísimas narices del resto del continente. A Albania, frente a las costas de Italia y codo con codo con las de Grecia, muchos la situarían en el mapa mucho más allá, no se sabe hacia dónde, pero más allá. Y precisamente en ese lugar mental ha estado siempre. Mientras abandona atropellada y desigualmente esa situación (más por el ansia de los albaneses de parecerse a los países allende el Adriático que por el caso que les hacemos los del otro lado del charco), el país conserva todavía grandes retazos de una costa espectacular y mayormente desconocida, salvo para veraneantes serbios, kosovares, bosnios o macedonios. Todo ello, a 70 kilómetros de Italia y a un precio muy asequible. El problema, las carencias en los servicios turísticos y los transportes, salvo algunas excepciones en los lugares más populares, y la generalización en todo el país de vertederos descontrolados y omnipresentes que siembran cualquier lugar, rural o urbano, de envases peregrinos y plásticos pululantes. Un auténtico problema medioambiental de Estado que se podría llevar por delante las incipientes expectativas turísticas de Albania.

En lo que a sol y playa se refiere, el emblema del país es la Riviera albanesa, la costa contigüa a la frontera con Grecia, a escasos kilómetros de Corfú. De hecho, la región estuvo bajo control griego hasta después de las Guerras Balcánicas, cuando se creó el Estado albanés. Lo cierto es que existe una frontera natural notable que separa aquí dos mares, Adriático y Jónico, y esta costa del resto de Albania: las montañas Ceraunias y el Parque Nacional de Llogara. A partir de aquí, la etnia griega, el idioma y las iglesias ortodoxas son bien visibles.

Los autobuses procedentes de Vlora, la segunda mayor ciudad albanesa y una de las puertas de entrada al país, salen hasta el mediodía con dirección a Saranda, para cubrir esta ruta a través de una escarpada y estrecha, por tramos, carretera de montaña. Tardan en torno a cuatro horas en hacer el trayecto completo, pese a los 127 kilómetros que separan ambas ciudades, aunque la Riviera está a mitad del camino. Por la tarde es difícil encontrar transporte público en esa dirección, ya que no es aconsejable atravesar el puerto de Llogara al atardecer o una vez caída la noche. Los autobuses salen de Vlora desde el entorno de la conocida Mezquita Muradi y desde la calle Gjergj Kastrioti, aproximadamente a la misma altura en paralelo a esta. También es posible recurrir a los tradicionales furgones, más rápidos, que se permiten salir hasta algo más tarde pero que no suelen llevar más allá de la mitad del recorrido. Algunos tienen licencia y otros no, por lo que las oficinas de turismo no suelen recomendarlos. En cualquier caso, y aunque lo preferible es coger el transporte público regular, en ocasiones nos pueden sacar de algún apuro. Su funcionamiento es sencillo: cuando hay un grupo que va en la misma dirección, se acuerda un precio y listo. Son más caros que los autobuses regulares, pero bastante asequibles para el que paga con euros, que no os despreciarán en ningún lado pese a que la moneda local es el Lek. Tratad de llegar pronto a los horarios de salida, puesto que la estampa del viajero de pie, o sentado en un taburete en el pasillo del autobús no deja de ser habitual en Albania. Intentar consultar horarios en alguna web u oficina de turismo suele ser bastante frustrante. Lo mejor es ir al lugar y preguntar. En cualquier caso, aquí y aquí hay un par de páginas que podéis tomar como referencia y solo como referencia.

Mapa Riviera Albania

El paisaje del recorrido merece la pena: alta montaña a un paso del mar, sin apenas transición desde los más de dos mil metros de altura del pico Çika. En invierno, las nieves visibles desde alta mar en sus cumbres hicieron a los romanos denominar Albania a estas tierras (Albus = blanco). La zona es lugar de acampada y buenos asados de cordero. Antes de iniciar el descenso, algunos autobuses paran en lo alto del puerto para contemplar la panorámica de las playas de la Riviera albanesa, en primer término el pequeño delta de Palassa, escenario de una de las batallas de la guerra civil entre Pompeyo y César.

La costa sigue larga y virgen, salvo por algún alojamiento en cabañas y el Ecocamping, en la playa de Drymades. Este ofrece una experiencia peculiar, completamente virginal, al lado del mar, camuflados entre el monte mediterráneo del lugar.

Para acceder a la zona hay que llegar casi al pueblo de Dhermi, el epicentro de la zona. Una carretera baja hasta la playa y se bifurca a la derecha antes de llegar al final. En esa dirección se llega primero a varias calas en zona militar y posteriormente a Drymades. En la otra, la playa de Dhermi ofrece una prístina alternativa salpicada de apartamentos, tiendas de conveniencia, cabañas turísticas y clubes para gente guapa al lado del mar. Hay campings. Algunos incluso ofrecen alojamiento en tiendas ya montadas, la opción más barata, si obviamos la de dormir al raso en la playa que ponen en práctica algunos mochileros en verano. La zona es el pequeño secreto de muchos italianos que buscan algo diferente y los precios lo van notando, acercándose a los convencionales en la Europa unida. Los albaneses culpan de ese cambio a los inmigrantes retornados de Grecia, aquellos habitantes grecoparlantes de la comarca que se marcharon al país vecino a hacer dinero y han vuelto ahora, poniendo en práctica lo visto en materia turística en sus viejas propiedades familiares.

Lo normal es acceder a la Riviera Albanesa desde Vlora o Saranda. A la primera llegan ferris de Agoudimos, Red Star y European Ferries desde Brindisi, ciudad italiana media, cerca de Bari, que cuenta con un pequeño aeropuerto y conexión de Ryanair desde Gerona. También hay conexiones de bajo coste con Bari, por ejemplo desde Valencia, y de allí uno puede ir en un barco de Superfast o Ventouris hasta Corfú, la isla griega que está frente a Saranda. El salto en hidrofoil hasta Albania apenas lleva quince minutos. Los autobuses con destino a Vlora, los que atraviesan la Riviera, salen del entorno del cruce entre las calles Vangiel Pandi y Onhezmi, desde primeras horas de la mañana. Sobre los horarios exactos, os remito a lo dicho más arriba sobre Vlora.

El binomio Corfú – Saranda va a merecer otro post.

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